Día 1-serpientes-

Habla en vez de callar. Calla mejor no tienes nada bueno que decir. Escucha con atención. No imagines. Solamente escucha y siente el momento preciso. El tiempo del viento que pasa, el movimiento de los árboles, las nubes recorren su camino. Escucha y calla, no hables para herir, no hables para matar, cada serpiente que sale de mi boca va directamente a la yugular, se postra suavemente sobre tu hombro, recorre lentamente tu cuello, lo aprieta cada vez más fuerte. Y muerde. Y duele. Y desangra.

Cada que algo sale de mi boca me recuerda esa escena. Esencialmente debería quedarme callada y dedicarme a amar. Nada más.

Día 1-confrontación-

Llevaba días esperando hablar. Los nudos en la garganta cada vez eran más difíciles de desatar. Era incontenible la emoción de sentir que ya era mi turno. Lo esperaba con ansias desde hacía ya días. Y en el momento menos adecuado sentí que tocaban mi hombro. Me llevaron hasta aquel cuarto en el que por primera vez pude hablar lo que me pasaba. Una simple pregunta y una simple engañosa respuesta. Otra simple pregunta y una respuesta sincera. No se que esta pasando, de pronto es tanta la presión que comienzo a hablar y hablar y hablar y es ahí cuando me doy cuenta de que he perdido la cabeza. Me dirigen hasta el tronco en donde me subo. Preguntas, pausas, recuerdos, recuerdos, anhelos, muchas cosas venían a mi en forma de imágenes, de sentimientos.

No se en que creer, hace días platique contigo. Me escuchaste y me viste llorar, no pasa nada me dijiste. Me empecé a quejar de ti. No se quien eres, no se en donde estas, no se si puedes. Y sentía que eso era falso, puesto que yo creo en ti, se que estas conmigo. Se que no me has abandonado. Y es entonces cuando comienzo a hablar. Hablar. Hablar. Llorar. Llorar. Dolor tras dolor se fueron acumulando las ideas en mi cabeza. En realidad fue un sueño, nunca supe lo que estaba pasando. Se me había tan irreal. Gente con la mirada fija en mi, ojos llorosos, ojos que no quieren ver. Y ahí empezó.

A darse cuenta de todo, a descubrirse, a desenmascarar todo lo que hay detrás de aquella sonrisa de siempre, aquella estructura vital y vivaz que caracteriza. Todo se desmorona lentamente conforme pasan los minutos. Todo esta fuera de control. Me siento fuera de lugar, vulnerable ante cualquier circunstancia que pudiese dañar mi integridad. Y no me resta más que confiar. Si ya estas adentro, ya aceptaste. Ya te metiste, para que mirar atrás.

Y estoy con un dolor terrible de cabeza

Día 1-estorbo-

Estorbo. Ansiedad. Desesperación. Frustraciones encontradas. Robarme el tiempo tuyo. Estar en silencio del otro lado de la habitación.

Y no se que es lo que hago el día de hoy aquí. Creo que es hora de irme.

Día 1 -constancia-

Yo no se que significa ser constante. Algunas veces he decidido tirar todo por la borda sin importar el esfuerzo, tiempo, dedicación y demás cosas invertidas. Sin embargo veo la constancia en ti, no se por que sea que eres constante, no se por que sea que tu semblante a pesar de no decir mucho con el simple echo de mirarlo, transmites esa sensación y ese sentimiento que pretendes decir al momento.

-.¿qué se necesita para ser? Fue la pregunta que me hiciste caminando por el pasillo.

No lo sé. no lo sé.
-se necesita estar- contesté de cierta manera confundida e indecisa.
-claro que no, para ser se necesita parecer.

Eso ya lo había escuchado muchas veces en la escuela, así es como trato de aparentar diario. Muchas veces puede ser una farsa el aparentar y verse de alguna manera, la gente pudiera creer que eres.

Sin embargo estamos hablando de personas auténticas. Personas como tu y como yo, enfermas. En el sentido estricto no, tal vez en un sentido más significativo que sólo tu y yo podríamos entender.

A veces creo que intentas hacerme de la manera en la que quieres que sea, y eso me gusta de cierta manera, por que entonces eres tu quien tiene el control. Té dejo el control de mi vida a ti, a tu disposición. Soy tuya.

Manejame a tu antojo, dirigeme como más te complazca. Yo seguiré a tu lado. Pese a lo que pese, por que en realidad no puedo creer que yo misma, con lo intolerante, celosa, posesiva, incomprensiva, aprehensiva que soy pueda estar respetando por primera vez en mi perra vida.

Digo perra por que siempre me comporte así. Y es la primera vez que estoy segura que no quiero perder lo que tengo. Que no quiero deshacer lo construido. Que sea poco o mucho. En realidad no lo sé. Pero lo que es es. Ni más ni menos. Simplemente así.

Día 4 -Tu mirada-

Ayer fue un día un poco complicado.

El dolor de mi cuerpo no me dejaba en paz, la inchazón de mis extremidades era insoportable. Ni siquiera el simple roce de la ropa me era grato.

Estuve todo el día intolerada, cansada, con ganas de sumirme en un profundo sueño y no despertar en varios días. Acepto que la cabeza estuvo un poco tranquila, un poco porque en veces le da por revelarse y estarme jodiendo el día.

Sin embargo llegó mi momento anhelado y deseado, la noche llegó y por fin pude dormir.
Soñé contigo.

Soñé que vivía en unos edificios, lejos de aquí, que en el departamento no cabía nadie más que yo.
Era un ambiente de esos que me suelen gustar, luz tenue, edificio viejo, deteriorado, las paredes descarapeladas por la humedad en los cimientos, cosas ajenas y humildes, en un barrio.

De pronto llegabas y me decías que me tenía que salir. -Te están buscando y van a venir por ti, yo lo voy a acompañar así que no puedo quedarme contigo. No quiero que estés cerca de por aquí, vete lejos un tiempo y ya después vemos-.

Salía de mi casa, atravesaba los edificios, el patio lucía grande y desolado. Caminé hasta el parque que se encuentra a unas cuadras, empezaba  a oscurecer. Caminé por la glorieta hasta donde se encontraba la escuela. Había muchísima gente en la zona, se estaban graduando.

Me acerque hasta la escuela y me puse chamarra y gorro. Con esto podría pasar desapercibida.
Camine hasta donde estaban unas amigas, me quede platicando con ellas siempre atenta al momento en el que pasaras. Y pasaste a mi lado, me observaste y rápidamente giraste la cabeza para ver si era yo. Efectivamente, me reconociste, seguías avanzando al lado de aquel hombre delgado que caminaba erguidamente y rápido, tu traías cargando una mochila muy grande, traía las cosas que habían robado; tus ojos eran de angustia y de preocupación, tu rostro denotó una angustia y un sentimiento de cariño, "qué estás haciendo aquí, vete" sentí esas palabras cuando al ir caminando seguías volteando a verme.

Me gusto ese rostro debo confesar, me gusto tu expresión de preocupación. Y me fui, abracé a una de mis compañeras y seguí caminando hasta una barda. Te seguía buscando con la mirada, pero tu ibas caminando deprisa al lado de aquel hombre que de nuevo te había incitado a salirte de los principios. 

Te vi partir, yo me quedé. Me quede entre la gente, entre la multitud recordando tu rostro, sintiendo de cierta manera tu preocupación. Me gustó esa sensación, y aunque no fuese realidad, me quedo con ese sentimiento.

Al despertar, ese deseo, esa paz, esa rica escena de tu rostro seguía en mi. Agradecí por el día y me dispuse a hacer lo que tengo que hacer.

Día 3 - El perro y el hombre-

Parece ser que la nostalgia aflora cada vez más. No se porqué extraña razón últimamente estoy sintiendo todo con agresión; las palabras, los juegos, las miradas, las expresiones, las caricias, los abrazos. Todo en absoluto me traslada a un estado de vulnerabilidad inmediato.

Una imagen seguida de una pregunta me fastidiaron el día de hoy. ¿A quién te recuerda?...

Vaya preguntas, vaya maneras.
Yo creo que mi estado natural de lloriqueos, reproches, maldiciones y demás esta retornando.
Vaya que me siento agotada, vaya que hago un enorme esfuerzo por no pensar, por no dedicar segundos a aquellas cosas que me ponen mal. Y pienso en lo bonito, aquellos recuerdos duraderos que se quedaron dentro de mi corazón marcados para siempre.

Sin embargo, me traslado a la realidad y ahí es cuando duele. Es inevitable ver pasar en segundos aquello que pudo ser algo bonito, aquello que pudo ser algo interesante. Aquello que pudo hacerme feliz. Sin embargo ahora ya no está. Y me remonto a épocas, a sueños, a imágenes, a nostalgias, a conversaciones que no tenían ningún solo propósito más que el sentir.

Ahora mis conversaciones son absurdas, están llenas de agresión, o por lo menos así lo siente mi corazón, están atascadas de falta de respeto, desilusión, interés al máximo. Y sigo parada en el mismo lugar, con las mismas cosas, esperando que suceda algo extraordinario que nunca pasará.

No se como tolero, como me dedico a practicar. Estoy cansada. Esto no es amar, esto no es querer, esto es un puto capricho que me esta desgastando cada vez más. Y me canso.

Es entonces cuando veo la foto y pienso "los perros tienen más amor que los hombres en sí". Irónico.